La vida del poeta guaireño Manuel Ortiz Guerrero fue similar a una brillante estrella fugaz que ilumina la noche en un instante. Sus escritos explayan tiernos sentimientos en lengua guaraní y finalizó sus días preso de la angustia y la enfermedad.

Hasta nuestros días se conservan retratos de “Manú”; una mirada serena, rulos y sombrero de la época forman el semblante del poeta Manuel Ortiz Guerrero. Para muchos contemporáneos suyos, pasaba desapercibida la figura de aquel hombre tímido con capa negra, que deambulaba por las calles del microcentro asunceno y de su natal Villarrica. Quizás, nadie percibía el dolor que anidaba en su interior.

El pasado 16 de julio se recordó el 124 aniversario de su nacimiento y, desde luego, los homenajes no se hicieron esperar. Las placas conmemorativas, músicas y ofrendas florales formaron parte del protocolo, mientras que la realidad nos pinta que, a veces, la frase “en vida, hermano, en vida”, es puro cuento.

Poemas del genio guaireño como “Panambí Vera”, “Ne rendápe ajú” e “India” son escritos emblemas de la guarania. José Asunción Flores fue su mano derecha, ya que puso melodía a sus letras. Este dúo dorado de artistas enamoró a todo un país y continúa haciéndolo.

¿Conocés la canción “Ne rendápe aju”? Basta leer un fragmento como el de “Ku clavel potýicha neporãitéva repukavymiro, neporãitevéva el alba potýgui che esperanzami”, para quedar boquiabiertos de emoción. Si querés que el arte de la conquista no te falle, acordate de “Manú”.

Es muy célebre la anécdota cuando Manuel Ortiz Guerrero ofrendó un poema a la afamada Anselmita Heyn. De acuerdo con el relato popular, el poeta le dedicó unos versos y la bella Heyn le entregó un billete como propina. Con aires de galán, Manú le devolvió el efectivo con un breve escrito al dorso, titulado “Endoso lírico”.

Pese a la enfermedad de lepra que lentamente segaba su vida, Manuel Ortiz Guerrero encontró en la poesía un bálsamo de consuelo. Su hogar se encontraba en inmediaciones de la Escalinata Antequera, en la calle que ahora lleva el nombre del artista.

En el silencio del dolor, Manú dejaba este mundo el 8 de mayo de 1933 con tan solo 35 años; quizás, sin saber que sus obras serían elogiadas por propios y extraños. Así como él, imaginemos a tantos artistas olvidados por un país ingrato. Hace un mes, despedíamos al talentoso Kamba’i Echeverría, quien clamaba para que el Estado le auxiliara en su indigencia.

Estimado Manú, ¿por qué tus contemporáneos no te ayudaron a cargar la cruz? ¿A qué se debió tanta ingratitud? Talentoso Kamba’i, héroe de la guitarra, ¿acaso el Todopoderoso quería regalarte el eterno descanso en agradecimiento por soportar el abandono de tu gente? Discúlpennos por no valorar su arte. Oramos para que ustedes sean las inmortales estrellas que iluminan con sus músicas las funestas tinieblas de la falta de empatía.